Soy tu príncipe azul, pero eres daltónica.
Me sorprende pensar que llevaba 5 años de mi vida imaginandome un futuro contigo, y cuando quise decidirme, y dar un paso adelante, me di cuenta de que como siempre, te estabas riendo de mi.
Soy tu príncipe azul, pero eres daltónica.
Me sorprende pensar que llevaba 5 años de mi vida imaginandome un futuro contigo, y cuando quise decidirme, y dar un paso adelante, me di cuenta de que como siempre, te estabas riendo de mi.
Soy de esas personas que no se centran si no tienen un objetivo delante de sus narices.
Creo que el peor día en sí, no fue el día en el que te perdí. Más bien fue un tiempo después, tampoco mucho después, pero el suficiente; creo que el peor día con diferencia fue, el día en que me di cuenta de que, realmente, te había perdido.
Digamos que ese día me di cuenta de muchas cosas. Pero la principal de todas ellas, que tu mundo ya no era mi mundo.
Que lo que un día fue un sentimiento de prioridad, había pasado a ser de insuficiencia. Me di cuenta... Había perdido mi oportunidad, mi gran amor deseado. Y lo peor de todo, lo había perdido, por miedo a que me hiciera daño. No sabía que en realidad la única persona que me hacía daño era, yo, a mi misma.
Tampoco sabía que era ahí donde empezaban mis 19 días, y 500 noches.
Ojalá no hubiera sido tan tonta de hacerme la ciega cuando te tenía frente a mis ojos, diciéndome te amo y dejando todo de lado por un beso eterno.
Ojalá no hubiera tirado todo por tierra, por miedo. Ojalá no te hubiera tocado aguantar todos mis berrinches, gritos y venazos.
Ojalá hubiera sido lo suficientemente lista para saber que si seguía así, te iba a perder. Por que mirame, mirate.
Un miércoles, a las 2 de la madrugada, yo pensando en ti, y tu pensando en otra.
Que ingenua de la vida.
Pd.: Para ti, mi gran amor perdido. Se que nunca leerás esto. Y ojalá no fuera así. De todas formas. Y por si las moscas. Te quiero mi capitán.
Y miré al cielo, buscando una estrella, una de esas que me hablaran de ti. Que me hicieran sentirte cerca, sentir que estás aquí, conmigo.
Recuerdo aquella noche como si fuera ayer.
Eran las 3 de la madrugada, y cogimos el coche decididos en busca de la playa más cercana, pues había lluvia de estrellas, y llevábamos días esperando para poder verla.
Recuerdo que llegamos, aparcamos en doble fila, y tras andar un rato por la fría arena, nos tumbamos.
Estaba allí tumbada, esperando ver algo que no alcanzaba a ver, mirando a todos lados del cielo, buscando el más mínimo movimiento, y cuando estaba a punto de darme por vencida, empezó.
Una lluvia de destellos dorados, acompañados de la cálida brisa y las olas del mar, acompasados, al son de la música.
Recuerdo que la primera estrella que vi, fue como si pasara un ovni en frente de mi cara. Abrí los ojos como platos, señalé con el dedo a donde estaba mirando, y grité, "¡¡MIRA, MIRA, MIRA!!".
Era increíble, la primera vez que recordaba ver estrellas fugaces, y cual niña pequeña, pedí mi primer deseo; con los ojos bien cerrados y haciendo fuerza, por que daba la sensación de que si lo hacía así, habría más posibilidades de que mi deseo se viera hecho realidad.
MI DESEO: TÚ.
Quizá no era la estrella adecuada, por que a día de hoy, sigues sin estar a mi lado. O quizá sea verdad que las estrellas no cumplen deseos. Pero digan lo que digan yo siempre pensaré que alguna de todas aquellas estrellas tendría tu nombre.
Te quiero.