Por que ojalá no existieran las banderas ni las fronteras.
Por un mundo con ideales distintos pero iguales. Un mundo que no fuera movido por la codicia ni el dinero. Y llamadme ilusa y tonta, pero sueño con que, en el día de mañana, aunque yo no esté para vivirlo; todos seamos uno.
Sin rivalidades ni torpezas. Sin peleas ni territorios.
Pero como bien dicen, la justicia es ciega, y si no lo fuera, no sería de este mundo.
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