viernes, 12 de junio de 2015

Ink feelings.

Sinceramente, desde pequeñita, siempre fue mi pasión.
  Aún recuerdo, cuando la imaginación no brillaba por su ausencia y me pasaba horas y horas dibujando. Orgullosa de que la gente reconociera mi mérito, que dijeran que era la mejor. La que más se lo merecía.

Recuerdo todos los dibujos, desde el primero, hasta el último. Guardarlos y mirarlos durante horas, buscando el más mínimo error para romperlo, tirarlo y hacer uno nuevo, perfeccionando todo aquello que veía mal. Que puede que no estuviera mal, pero yo me esforzaba lo suficiente para pensar que estaba, de lo malo, lo peor. Simplemente, por seguir mejorando un día más hasta llegar a ser la mejor.
  Pero para ser sinceros, jamás pensé que de ello sacaría mi profesión; el tatuaje.

Aunque todo el mundo siempre pensó lo contrario que yo. Parecía que todos intuían que iba a terminar en ello.

Ahora es cuando, os doy un hachazo en los dientes y os digo; el mundo del tatuaje es una !@#$&%.
  A decir verdad, podría llegar a decir que es totalmente "opuesto" pero también os diría, que dedicarme al mundo del tatuaje, es la mejor decisión que he podido tomar a lo largo de mi corta vida, y se que me quedan muchas otras.
 
El tatuaje es:
   Perfección en un dolor trazo, la incertidumbre de saber si la otra persona pensará que es lo suficientemente bueno. Es, adrenalina en cada aguja usada, pasión por la tinta. Son los nervios de pensar que la otra persona lo va a llevar el resto de sus días, la satisfacción de saber que tu trabajo está bien hecho, o que por lo menos a la otra persona le gusta. Es la valentía de cada trazo, y el dolor masoquista que te impulsa a hacerlo. Es ARTE en un lienzo, una historia que jamás será contada con letras.
  
  Yo nunca fui una persona de explicarse bien, hasta que aprendí, y sé que, que mejor que una imagen, antes que mil palabras.

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